Fue cortada del gran cuerpo del supercontinente Pangea hace cerca de 300 millones de años
l movimiento continuo de las placas tectónicas, los fragmentos en los que está "rota" la corteza terrestre, ha formado ya, en la larga historia de la Tierra, varios supercontinentes, que se han fragmentado después en continentes más pequeños que, a su vez, volvieron (y volverán) a unirse en un ciclo de transformación de la geografía planetaria que no tiene fin.
El empuje incesante de la nueva corteza, que se forma
continuamente en las profundidades marinas, a lo largo de las dorsales
oceánicas, va llevando a los continentes a
chocar entre sí para formar nuevos continentes que, de alguna manera,
no son más que "puzzles" hechos de pequeñas piezas que proceden de otros
continentes más antiguos.
Averiguar el origen y la composición de la corteza
continental formada y modificada por estos eventos tectónicos es algo
que resulta vital para la comprensión de la geología de la Tierra y, de paso, para afinar en la búsqueda de petróleo, gas o minerales como el oro.
En muchos casos, las rocas involucradas en estas colisiones
y episodios siguen enterradas bajo la superficie de la Tierra, por lo
que los geólogos deben utilizar mediciones geofísicas para estudiarlas.
Ahora, un grupo de geólogos de la Universidad de Georgia, encabezados por Elías Parker Jr., ha estudiado una franja de magnetismo por debajo de lo normal (conocida como la Anomalía Magnética de Brunswick) que que se extiende desde Alabama a través de Georgia y que recorre la costa de Carolina del Norte.
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